Mall Plaza Egaña: La nueva portada metropolitana de La Reina

Para el primer semestre de 2013, la cadena de retail Mall Plaza proyecta la apertura del primer centro comercial auto-declarado sustentable de Chile: Mall Plaza Egaña. Este se ubicará en la comuna de La Reina, en la intersección de las avenidas Ossa y Larraín, en el límite con la comuna de Ñuñoa.

Según Jaime Fontana, gerente de Arquitectura del Grupo Plaza, “la esquina fue seleccionada para el proyecto por su carácter metropolitano, porque condensa áreas comerciales históricas, pero desatendidas – como Plaza Egaña y la Avda. Irarrázaval – y por ser un punto de ingreso a La Reina”.

Actualmente, dicha intersección posee una privilegiada conexión vial, determinada por la cercanía con los paraderos del Transantiago, el acceso a Américo Vespucio Sur y  la estación Plaza Egaña de la Línea 4 del Metro. En relación a esta última, la cadena de retail proyecta la conexión subterránea entre la estación y el centro comercial; sin embargo, María José López, encargada de Comunicaciones Externas y Asuntos Corporativos de Metro de Santiago, informó a Plataforma Urbana que “este proyecto se encuentra en proceso de estudio, no habiendo una solución definitiva en torno al tema”.  Independiente del resultado, Mall Plaza destinará ese nivel a servicios -como establecimientos para el pago de cuentas y un supermercado – que inyectarían dinamismo y significarían un 50% de flujo de ingreso, según estimaciones preliminares.

Por su envergadura, la construcción comprende obras externas al paño del mall, siendo estas orientadas a los automovilistas y los ciclistas. La primera comprende la construcción de un paso subterráneo en avenida Larraín que conecte directamente con los estacionamientos del centro comercial, para que los automovilistas que circulen en dirección poniente–oriente por la arteria, no viren a la izquierda y alteren la circulación. La segunda consiste en la adición de una cuarta pista a la calzada oriente de avenida Ossa, entre las calles Obispo del Solar, por el norte, y Blest Gana, por el sur. La tercera aspira a mejorar la ciclovía del bandejón central de Larraín y extenderla desde la calle Javiera Carrera hasta Ossa.

La idea de crear un mall sustentable surge, en palabras de Fontana, como “una propuesta de valor donde se conjugan un edificio contemporáneo con un entorno verde, amable y respetuoso”. En cuanto a la elección del lugar para lanzar un centro comercial bajo este concepto, el arquitecto justifica: “El público del centro comercial, integrado por los vecinos de La Reina y Ñuñoa, demanda productos y servicios comprometidos con el cuidado del medio ambiente, sumándose a esta nueva experiencia de compra, muy arraigada en otros países”.

La firma de retail está trabajando con la Fundación Chile, entidad que desde el inicio de las obras, en enero de 2011, ha realizado mediciones de huella de carbono para controlar las emisiones contaminantes. Los resultados de estas aún no han sido difundidos, pero se está elaborando un plan para compensar las emisiones, el que se ejecutará una vez finalizada la construcción.

A su vez, para disminuir el consumo de energía eléctrica, se ha proyectado una fachada de cristales que permitirá el ingreso de luz natural, lo que generará un ahorro estimado entre un 30% y 50%, en comparación a un mall sin el mismo tipo de frontis. También poseerá un sistema de riego y sanitarios eficientes, para optimizar el agua. Por último, tendrá un sistema mecánico de ventilación menos contaminante que uno promedio, acorde a las exigencias de la Sociedad Americana de Calefacción, Refrigeración y Aire Acondicionado (ASHRAE), por sus siglas en inglés), basada en reducir la emisión de contaminantes generados por la acción de las personas, de las emisiones espontáneas de los materiales de construcción (aglomerantes, pegamentos, pinturas, etc.) y degradación de los insumos de mantenimiento de la instalación (como aerosoles y refrigerantes).

Para que estas medidas se cumplan, Mall Plaza es asesorada por la consultora Miranda & Nasi Ltda., la que a su vez trabaja con el U.S. Green Building Council (USGBC), con el fin de obtener la certificación LEED y así convertirse en el primer centro comercial chileno en contar con dicho estándar de construcción sostenible. No obstante, para adjudicárselo, deben instalar puntos de reciclaje, los que están contemplados en el proyecto, pero no definidos en su totalidad.

Desde que se inició la construcción, el Grupo Plaza instaló en el paño de la obra, una oficina de informaciones para recibir las consultas y los reclamos de los habitantes colindantes y, en el edificio habitacional “Inglaterra”, ubicado en la calle Güemes, a un costado del futuro mall, se han sostenido más de 450 reuniones con las juntas de vecinos, comerciantes y organizaciones comunitarias. En ellas, también participa personal municipal, representado por la Dirección de Obras de La Reina, gerentes de Mall Plaza y miembros de la constructora.

Las medidas allí acordadas hasta ahora son, que mientras dure la construcción, se instalarán ventanas de termopanel y mallas en el edificio Inglaterra, para aislar el ruido y evitar la caída de material en el perímetro residencial, con el objeto de evitar accidentes como el de abril de 2011, cuando una máquina perforó la pared de los estacionamiento del edificio. Apenas acabe la obra, la empresa se comprometió a pintar el edificio y a renovar los árboles de la calle Hannover.

900 estacionamientos de bicicletas

El mall, que tuvo una inversión inicial de US$200 millones y proyecta 18 millones de visitas al año, tendrá 900 estacionamientos para bicicletas, distribuidos en dos niveles y conectados por un montacargas que será manejado por un operador. Todo estará al interior de una instalación similar a una caja de vidrio, la que también tendrá un taller de bicicletas. Por su parte, los automovilistas tendrán 3.000 estacionamientos dispuestos en cuatro subterráneos.

El centro comercial, de 80.000 metros cuadrados arrendables, tres pisos en superficie y cuatro subsuelos, incluirá tres tiendas anclas – Falabella, Ripley y un supermercado Tottus – y 120 establecimientos menores. Además, tendrá una zona denominada Aires de Mall Plaza, la que se caracteriza por contar con tiendas más exclusivas; un Auto Plaza, dedicado al mundo automotriz y, por último, Las Terrazas, un espacio exterior de entretención y gastronomía. También, habrá unfood garden techado, una Biblioteca Viva, diez salas de cine de la cadena Cine Mundo, una sala de teatro y un centro de juegos Aventura Center.

Ante los cambios que en 2010 sufrió el Plan Regulador de La Reina, se autorizó la construcción de una torre de trece pisos, la que se convertirá en un centro médico de la red Integramédica, pero sin servicio de hospitalizaciones.

Casa Maroto: Recuperación de un patrimonio

En 2006, cuando el Grupo Plaza compró los terrenos para el futuro Mall Plaza Egaña, también adquirió la Casa Maroto, inmueble de conservación histórica construido por la familia Hurtado Maroto en 1920. Posteriormente, fue utilizado como hogar de ancianos y, durante 32 años, como sede de la Cruz Roja.

Sin embargo, tras el terremoto de febrero de 2010, la casa sufrió graves daños en su estructura y terminaciones, por lo que se creó un plan de recuperación arquitectónica, con el fin de otorgarle un uso comunitario y cultural. Por ende, la empresa decidió mantener la fachada intacta y adecuar su interior a los requerimientos necesarios para convertirse en un centro cultural y acoger exposiciones, salas de música y seminarios, entre otros. Para lograrlo, sin perder la tradición histórica del lugar, se contactó a un artesano para que elabore – manualmente-  unas baldosas que replican a las originales. Además, se instalaron nuevos vitrales y se pintó su interior.

La casa de tres niveles y 354 metros cuadrados, estará elevada unos centímetros sobre el nivel de la calle y el centro comercial estará adosado a ella. Con esto, se busca que actúe como una propuesta de entretención y cultura para los vecinos del sector. Actualmente, se está estudiando la opción de que el inmueble se convierta en la nueva sede del Club de Jazz de La Reina, el mismo que antes operaba en la avenida José Pedro Alessandri, en Ñuñoa. No obstante, Mall Plaza administrará un sector de la casa que se destinará a eventos y actividades organizadas por la empresa y por los vecinos del sector.

¿Cómo se integra este edificio patrimonial al centro comercial? Según Fontana, “el mall trabaja noblemente con ella por contraste, es decir, la acoge”. Para lograrlo, el centro comercial se concibió como un conglomerado arquitectónico que dialoga -visualmente- con sus visitantes, porque expone su interior a los transeúntes y presenta distintos accesos por todas las aristas del mall, evitando una atomización del mismo y una sobrecarga de población flotante en un sólo lugar. Es por esto que todos los bordes del centro comercial serán activos y entregarán un valor arquitectónico a la comunidad y sus visitantes.

Mall Plaza Egaña en cifras:

  • Inversión inicial: US$200 millones.
  • Superficie arrendable: 80.000 metros cuadrados.
  • Visitas estimadas al año: 18 millones de personas.
  • 3 pisos en superficie y 4 subterráneos.
  • 3 tiendas ancla y 120 establecimientos menores.
  • 13 pisos tendrá el centro médico de la red Integramédica.
  • 10 salas de cine de la cadena Cine Mundo.
  • 3.000 estacionamientos para automóviles.
  • 900 estacionamientos para bicicletas.
  • 1 Centro Cultural: Casa Maroto.
fuente: PlataformaUrbana
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Eligen los mejores proyectos sustentables de Santiago

Entre las 106 ideas, destacan el Punto Limpio de Vitacura, los huertos urbanos de Av. Américo Vespucio y el reciclaje de neumáticos.

El huerto urbano que el vecino de Las Condes Edmund Grasty creó en el bandejón central de Av. Américo Vespucio es uno de los 53 casos santiaguinos que reúne el libro Chile Verde, acciones para un mundo sustentable, lanzado ayer en el GAM.

El texto aspira a educar y sensibilizar a la población sobre el cuidado del medioambiente. Otro de los proyectos elegidos es el Punto Limpio de Vitacura, creado en 2005 y pionero en el reciclaje de residuos sólidos domiciliarios.

Emplazado en 400 m2, a un costado del Puente Centenario, entre Américo Vespucio y Nueva Costanera, consta de seis contenedores subterráneos que almacenan cartones, papeles, envases plásticos, vidrios, latas y tetrapack.

Desde su creación se ha capacitado en sus instalaciones a más de 6.500 visitantes y su crecimiento ha sido tal, que el año pasado ingresaron 123 mil vehículos al recinto. En 2006 lo hicieron 6.316 autos.

La empresa Ennat también fue destacada en la publicación al convertirse en la pionera en la producción de pisos de goma y revestimientos de caucho provenientes en un 100% de neumáticos reciclados.

Los pisos se utilizan en jardines infantiles, colegios y gimnasios para amortiguar golpes e impactos fuertes.

Su gerente general, Martín Rozas, explica que su iniciativa busca que los niños jueguen más seguros.

“Quisimos dar una solución que fuera más allá de sólo moler los neumáticos. Para lograr un reciclaje efectivo había que hacer algo con esa materia prima”, comenta Rozas.

Buenas ideas

Chile Verde incluye al nuevo edificio que albergará la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Su diseño, a cargo de la oficina A4 Arquitectos+Borja Huidobro, incluye conceptos de eficiencia energética y sustentabilidad.

La fachada del recinto corresponderá a un doble muro de cristal que actúa como un aislador térmico que disminuye el ingreso de la radiación solar. Una vez terminado, el edificio postulará a la certificación LEED, que otorga el Consejo de Edificios Verdes de EEUU.

Chile Verde, Acciones para un mundo Sustentable.

fuente: LT

Cristián Boza y la arquitectura del 90 por ciento

“-¿Tienen buenos alumnos?

-No. Porque el perfil de la universidad es C2, C3. Eso es más difícil. Yo me he pegado dos recorridos por Asia y Europa nada más que para configurar un programa de arquitectura top. Reconozco que me equivoqué en un tema y que estoy remontando, y es que no consideré el segmento y el perfil que va a esta universidad; no tiene cultura, no tiene sofisticación, y con mucho respeto lo digo, porque los adoro y nos hemos hecho muy amigos. Son primera generación en la universidad, son por ejemplo hijos de un camionero, de gente vulnerable. Me equivoqué en plantear un esquema muy sofisticado”.

Cristián Bozadecano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, Vivienda y Decoración, 12 de mayo de 2012.
El asunto es claro, si los jóvenes no se pelean por entrar a la San Sebastián no es por culpa de la universidad ni de sus profesores ni de sus programas académicos. El pobre nivel de la casa de estudios hay que buscarlo en la cuna de sus alumnos –de quienes se declara muy amigo, igual que el patrón de fundo con sus fieles inquilinos- que hace que les falten todas aquellas características imprescindibles en un arquitecto: roce social, sofisticación, clase. Les falta mundo. Tienen mucho Maipú, mucho Puente Alto, pero poca Venecia, poco Nueva York, poco París. No saben comportarse en un cóctel, sus lápices son baratos, sus cuadernos son baratos, al igual que su ropa y sus anteojos (les llaman lentes). Sus agendas están llenas de amigos y familiares, pero vacías de contactos. Cuando el decano les habla de Cachagua le responden chiguá. Les sobra piscola, pero les falta whisky. Nunca podrán ocupar suspensores. Si pudiéramos resumir el problema, diríamos que nacieron para ser contadores, administrativos, empleados de zapatería, pero no para ser arquitectos, que para ello se necesita algo más, que a falta de palabras podríamos definir con tener “eso”. Sencillamente “eso” (mirar al cielo, poner cara de complejidad y sofisticación, hacer jueguitos con las manos para tratar de explicar algo tan inasible).
El asunto es claro, si el problema del bajo nivel académico de la San Sebastián es el origen de sus alumnos, entonces la solución pasa necesariamente por filtrar ese origen, establecer barreras que impidan la proliferación de personas no nacidas para la profesión en las aulas proyectadas por su amigo el señor decano. Suba aun más los aranceles, revise el árbol genealógico de los postulantes, pregúnteles por Zapallar, hábleles de la gente que vieron en la tribuna de San Carlos de Apoquindo y tendrá el problema resuelto.
No creo que vaya por ahí la cosa; mal que mal, algunos de los tipos más incultos y menos refinados que he conocido en mi vida provienen precisamente de los estratos que Cristián Boza sueña tener en su programa top. El tema creo que es otro, y está relacionado con el carácter elitista que muchos arquitectos ven como marca distintiva de la profesión, y que el señor ex decano ha hecho aparecer de manera grotesca. Amigos míos, provenientes precisamente de los sectores C2 y C3 (qué mierda de taxonomía social), siempre me hicieron ver que el desafío más grande de estudiar arquitectura en una universidad como la Católica –tradicionalmente bien ABC1- no era tanto la exigencia académica ni la alta carga de trabajo, sino el hecho de toparse con un muro social donde las experiencias enseñadas en la sala de clase correspondían a un mundo que les era ajeno. Cuando se abordaba el tema de la pobreza se hacía bajo una mirada casi turística. Todo para el pueblo pero sin el pueblo decía la máxima del despotismo ilustrado. En el mundo de la arquitectura ni siquiera llegamos a eso. Nos enseñaron a proyectar para el 10 por ciento de arriba, y por eso nuestras revistas y bienales se llenan de casas para ricos, oficinas para ricos, tiendas para ricos, parques para ricos. Experiencias como las viviendas sociales de Elemental no pasan de ser la excepción que confirma la regla. Arquitectura boutique para un mundo que no lo es. En palabras del arquitecto mexicano Alejandro Hernández, “nos enfrentamos a dos arquitecturas. Una es la Arquitectura con mayúscula, la que se enseña en la mayoría de las escuelas y se publica en la mayor parte de los libros y revistas. La otra, la que pese a ser cuantitativamente mayoritaria ocupa un lugar marginal en la historia y la reflexión sobre la arquitectura. La primera es la arquitectura de los arquitectos y la segunda aquella que Bernard Rudofsky llamó arquitectura sin arquitectos.” Por ahí va la cosa. La arquitectura y la ciudad del 90 por ciento jamás pasó por una universidad, o si pasó sus conocimientos fueron olvidados rápidamente. Viviendas en serie, ciudades en serie, hablar de refinamiento, de sofisticación resulta un chiste de mal gusto cuando gran parte de la profesión ha olvidado lo que debiera ser su profunda vocación social –al menos así lo entendí yo cuando ingresé a la carrera. ¿Cómo queremos que el 90 por ciento de abajo tenga acceso a una arquitectura de calidad si a quienes provienen de ese mundo se les trata de manera tan despectiva? Mejor siga siendo camionero, siga arriba de una micro, siga detrás del mostrador, que si nos da el tiempo nosotros los ilustrados, los sofisticados, los que tenemos “eso” nos ocuparemos de usted.
Que Boza no nos distraiga, que lo suyo no es más que la triste caricatura de nuestro sistema universitario en general y de la carrera de arquitectura en particular. Al menos la gracia le costó el puesto (¿renunciará a la comisión asesora de política urbana donde participa gracias a su amistad con Sebastián Piñera?). Al menos fue condenado por la gran mayoría de sus colegas. Al menos nos indignamos. Escribo esto rápido, con rabia, a lo que salga. Al menos tan muertos no estamos.
Palabras al cierre
Costanera Center, mall de Castro, Cristián Boza. A ver si la próxima vez que hablamos de arquitectura en Chile es para bien.

fuente:  pedestre